Guapileño cumple su sueño mundialista

Jefrey Urbina, seleccionado nacional Sub-17, cambió los largos viajes de fin de semana desde Guápiles por una nueva vida en San José, acompañado por uno de los referentes de la Selección Nacional de Costa Rica, sin soltar nunca su sueño ni sus raíces.

Jefrey creció en Guápiles, Limón, en una casa donde el fútbol siempre estuvo presente. Desde los siete años, el balón fue su compañero de juegos en el patio, entre risas, tardes interminables y “mejengas” con sus tres hermanos. Ahí, sin darse cuenta, empezó a nacer una ilusión que con el tiempo se volvería más fuerte que cualquier distancia.

“Me gustó bastante mi infancia, pasaba mejengueando con mis hermanos en las tardes. Después de la escuela me iba a jugar con mis hermanos y ese era mi día a día”, recuerda Jefrey, con la sencillez de quien habla de lo que ama.

Durante años, el fútbol fue parte de su vida de manera recreativa, hasta que, en 2022, jugando con el equipo del barrio, el destino tocó a su puerta. Un equipo que se preparaba para disputar una final lo vio jugar y lo invitó a reforzarlos ante Fútbol Consultants. Jefrey aceptó sin pensarlo demasiado, sin imaginar que ese partido le cambiaría la vida.

“Me dijeron que si quería jugar la final, les dije que sí y después de jugarla, el equipo de Fútbol Consultants me llamó para ofrecerme jugar en el equipo”, cuenta.

A partir de ahí comenzó una etapa de sacrificio silencioso. Durante tres años, Jefrey solo podía entrenar y jugar los fines de semana. Entre semana, la escuela primero y el colegio después lo ataban a Guápiles. Los entrenamientos en San José eran de 6 a 8 de la noche, pero el último bus de regreso salía a las 7 p. m.

“Solo venía los fines de semana. Me venía los viernes después del cole y me regresaba el domingo a mi casa, y así hacía todas las semanas”, explica. “No podía venir entre semana porque no me podía quedar a todo el entreno”.

Aun así, nunca soltó su sueño. “Siempre lo quise, siempre lo he querido”, dice con convicción.

punto de quiebre llegó a inicios del año pasado. Los llamados a la Selección Nacional empezaron a aparecer y el nivel de exigencia subió. Seguir entrenando solo los fines de semana ya no era una opción.

“Me dijeron que existía la posibilidad de que yo me viniera a vivir acá, y mis papás y yo estuvimos de acuerdo”, relata.

Primero vivió en San Sebastián, pero meses después se trasladó a Santa Ana, una decisión que no solo le facilitaría los entrenamientos, sino que marcaría un antes y un después en su vida personal.

En Fútbol Consultants, el camino de Jefrey se cruzó de forma natural con el de Kendall Waston, histórico jugador de Costa Rica, quien llevaba a su hijo a entrenar al mismo club. Lo que inició como una coincidencia propia del fútbol, con el tiempo se transformó en una relación cercana que iría mucho más allá de la cancha.

“Ellos me ayudaron y me apoyaron y ahora estoy viviendo con ellos”, cuenta Jefrey. “Más que todo me empezaron a ver como un hijo, me vieron como familia y me dijeron que si quería vivir con ellos. Hablaron con mis papás y así se tomó la decisión”.

Hoy, desde hace seis meses, Jefrey vive con Kendall Waston y su esposa Priscila Robles. Lejos de Guápiles, pero rodeado de apoyo y cariño.

“Me he sentido súper bien, ellos son mi familia. Ahora que no puedo estar con mis papás porque están muy largo, ellos me apoyan como una familia”, afirma.

Cada vez que tiene varios días libres, Jefrey regresa a Guápiles para estar con sus papás. Las raíces siguen firmes, aunque el camino ahora se trace desde otro lugar.

Para muchos, Kendall Waston es el defensor imponente, dominante en el juego aéreo y autor de goles clave con La Sele. Para Jefrey, en cambio, es mucho más que eso.

“Es una súper persona, muy noble, que siempre te va a ayudar. Es como mi papá, ya uno lo normaliza y es parte de la familia”, dice.

Kendall también se ha convertido en un guía constante, dentro y fuera de la cancha. “Siempre me dice que hay que llevar el estudio con el fútbol, que no se puede dejar de estudiar, que tengo que llevar buenas notas y seguir bien en el fútbol”, cuenta Jefrey.

historia de Jefrey no es solo la de un joven que se mudó para tener facilidad al entrenar. Es la de un talentoso jugador que encontró apoyo, de una familia que le abrió sus puertas y de un camino que, con trabajo y convicción, lo acerca cada vez más a un Mundial.

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