El Morera Soto: 84 años de una Catedral construida con mística, cemento y convicción

En el Llano de Alajuela no solo se levanta un estadio. Ahí respira una historia. Ahí late un corazón. Este 18 de enero, la ciudad de los mangos conmemora el 84.º aniversario del Estadio Alejandro Morera Soto, un recinto que trasciende el fútbol y se ha convertido en uno de los símbolos deportivos y culturales más poderosos de Costa Rica.

La “Catedral” abrió sus puertas en 1942 con un partido ante el Club Sport Cartaginés, pero su historia comenzó mucho antes, cuando el sueño de tener casa propia empezó a tomar forma en la mente y en las manos del liguismo.

El estadio que nació de una idea

El proyecto de contar con un estadio propio se gestó en 1938, cuando en la sesión de Junta Directiva del 18 de abril de ese año, el directivo Carlos Bolaños propuso la adquisición de terrenos para que Liga Deportiva Alajuelense tuviera su propia cancha. La idea no quedó en palabras.

En 1940, el club adquirió los terrenos ubicados en el Llano de Alajuela a un costo de ¢0.80 el metro cuadrado. Dos años después, el equipo rojinegro jugó su primer partido oficial en su nueva casa. Aquel día inaugural, la entrada costó ¢0.25 para los hombres y ¢0.10 para las mujeres, cifras que hoy parecen simbólicas, pero que marcaron el inicio de una historia eterna.

Una Catedral levantada con solidaridad

Las primeras graderías del estadio fueron de madera, las mismas que se habían utilizado en el antiguo Estadio Nacional. Estas llegaron a Alajuela gracias a las gestiones de César Rojas ante el entonces presidente de la República, el doctor Rafael Ángel Calderón Guardia, quien facilitó la donación.

El traslado del material fue una muestra de unión institucional y popular: la administración del Ferrocarril al Pacífico donó el transporte hasta Alajuela, y una vez en la ciudad, camiones de la Municipalidad se encargaron de llevar la madera hasta el estadio. Posteriormente, la segunda gradería se construyó con la cooperación directa del pueblo alajuelense, reforzando el vínculo entre la Liga y su gente.

Ese espíritu colectivo volvió a quedar marcado en la historia con la llamada marcha del ladrillo. Por iniciativa del profesor Armando Mórux, la junta directiva organizó una campaña para que cada estudiante del cantón central de Alajuela aportara un ladrillo para construir las tapias del estadio. El resultado fue monumental: el 27 de setiembre de 1949, el liguismo logró reunir 1.139.012 ladrillos, levantando con manos rojinegras los muros de su templo.

De la Jueda al nombre inmortal

Conocido originalmente como el Estadio de la Jueda, el inmueble recibió su nombre definitivo el 20 de julio de 1966, cuando en la sesión ordinaria número 2776 de la Municipalidad de Alajuela se acordó bautizarlo como Estadio Alejandro Morera Soto. La sesión fue presidida por César Rojas Ulloa y aprobada por el Consejo Municipal en pleno.

El homenaje fue para el más grande. Para el “Mago del Balón”, el futbolista costarricense que brilló con la Liga y conquistó Europa con el FC Barcelona, y cuyo legado quedó sellado para siempre en la casa rojinegra.

El misticismo del Morera Soto no es una metáfora: bajo una de sus graderías se conserva una urna con el corazón de Morera, un símbolo único que convierte al estadio en un lugar casi sagrado y que continúa siendo visitado por aficionados en los tours guiados, aún vigentes en 2026.

La noche en que se hizo la luz

El estadio siguió creciendo con el paso de los años. Para finales de la década de los sesenta ya contaba con diez gradas de cemento que rodeaban el terreno de juego, consolidando su estructura definitiva.

Uno de los hitos más recordados llegó el 19 de marzo de 1970, cuando se inauguró el sistema de alumbrado para partidos nocturnos. Aquella noche, Liga Deportiva Alajuelense derrotó 4-1 al Motagua de Honduras. Antes del partido se develó una placa en honor a Alejandro Morera Soto, quien desfiló por el campo acompañado de niños y funcionarios, recibiendo una ovación cerrada de la afición.

La Catedral en la era moderna

A 84 años de su inauguración, el Morera Soto no vive de la nostalgia. En 2026 es uno de los estadios más modernos y sostenibles de la región. Es el primero de Centroamérica en operar al 100 % con energía solar, convirtiéndose en un referente ambiental a nivel continental.

Su gramilla híbrida, certificada por la FIFA, garantiza estándares internacionales para competencias nacionales e internacionales, manteniendo al estadio vigente para el fútbol del más alto nivel.

¿Un nuevo templo en el horizonte?

Pese a su enorme peso histórico, la directiva rojinegra mantiene en agenda el proyecto de un nuevo estadio. Aunque la planificación original apuntaba a una inauguración en 2025, diversos desafíos logísticos han extendido los plazos. A finales de 2025 se confirmó la selección de nuevos terrenos y los socios continúan analizando la viabilidad de un recinto con mayor capacidad, acorde con la alta demanda actual de la afición.

El debate está abierto. El futuro se discute. Pero el presente sigue teniendo un nombre.

Donde late el corazón rojinegro

Mientras se define lo que vendrá, el Estadio Alejandro Morera Soto permanece en pie como la “Catedral” donde la mística y el cemento convergen. Un estadio construido con visión, con sacrificio y con pueblo. Un templo que no solo alberga partidos, sino recuerdos, lágrimas, gritos y campeonatos.

A 84 años de su inauguración, el Morera Soto no es solo un recinto deportivo: es un corazón que sigue latiendo en el Llano de Alajuela, custodiando más de ocho décadas de pasión rojinegra.

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