
El fútbol costarricense vuelve a caer en su propia trampa.
Cada torneo, los clubes anuncian fichajes “bomba”, inflan expectativas y venden la idea de soluciones inmediatas. Pero cuando la pelota rueda, la realidad es mucho más cruda: nombres pesados que no pesan donde realmente importa.
Hoy, dos casos lo dejan en evidencia: Ángel Zaldívar en Alajuelense y Tomás Rodríguez en Saprissa. Dos delanteros, dos apuestas fuertes… y una misma sensación: deuda.

Zaldívar: más presente en redes que en el área
En Liga Deportiva Alajuelense, la paciencia empieza a romperse.
Ángel Zaldívar llegó con cartel de Liga MX, salario de estrella y la etiqueta de delantero diferencial. Pero en la cancha, su impacto ha sido, como mínimo, discreto.
Pocos goles, poca influencia y varios partidos donde pasa desapercibido, pero lo que realmente encendió a la afición no es solo su rendimiento. Es la percepción.
Porque mientras el equipo necesita respuestas, Zaldívar mantiene una presencia constante en redes sociales, especialmente en TikTok. Y ahí es donde la narrativa cambia peligrosamente.
No se le critica por tener redes, se le critica por lo que transmite cuando no está rindiendo.
Hoy, para muchos aficionados rojinegros, la pregunta ya no es si va a mejorar… es si está realmente enfocado en hacerlo.
Rodríguez: el “9” que no define como “9”
En el Deportivo Saprissa, la historia no es más amable.
Tomás Rodríguez fue fichado como el delantero que venía a resolver los problemas de gol. El típico “9” extranjero que llega para marcar diferencia inmediata. Pero hasta ahora, no lo está logrando, corre, lucha, presiona… pero falla donde no se puede fallar: frente al marco.
Mano a mano desperdiciados, decisiones pobres y una cifra de goles que no respalda su rol dentro del equipo.
Y en Tibás, eso no se negocia. porque la grada puede perdonar un mal partido,
pero no un delantero que no define.
El problema son ellos o es el sistema?
Sería fácil señalar únicamente a Zaldívar y Rodríguez, pero el problema quizá es más profundo.
El fútbol tico sigue enamorándose del currículum, del nombre, del impacto mediático. Se ficha pensando en lo que el jugador fue… y no en lo que realmente puede aportar hoy y cuando la expectativa se construye sobre humo, la caída es inevitable.
Alajuelense y Saprissa apostaron fuerte, uno por experiencia internacional, el otro por un «killer» que prometía gol inmediato. Hoy, ambos están pagando el mismo precio: delanteros que no están resolviendo.
Y en equipos grandes, eso no es un detalle, es un problema estructural.
Conclusión: el nombre no gana partidos
El fútbol no premia trayectorias, premia rendimiento. Podés tener seguidores, historia, cartel o discurso…
pero si no hacés goles, no cumplís.
Zaldívar y Rodríguez todavía están a tiempo de cambiar la narrativa, pero el margen se achica cada jornada.
Porque en la Liga Promerica hay algo que sigue siendo innegociable:
los “fichajes bomba” tienen que explotar, y estos, por ahora… ni siquiera hacen ruido en la red.